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Las relaciones Argentina-Europa en la presidencia de Macri

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Las relaciones Argentina-Europa en la presidencia de Macri

Las relaciones Argentina-Europa en la presidencia de Macri

capesic América Latina y el Caribe, Europa 07/06/2017 Comentarios

Cuando Mauricio Macri asumió la Presidencia de la República Argentina el 10 de diciembre de 2015, proclamó que las metas de su gobierno serían “pobreza cero, derrotar al narcotráfico y unir a los argentinos”. Con estos objetivos en mente, esgrimió una política exterior bajo el lema de “volver al mundo”. Desde el comienzo, las relaciones de la Argentina con el exterior se vieron marcadas por un claro énfasis en lo económico, en especial, en relación a atraer a la inversión extranjera. A un año y medio de la puesta en marcha de esta política exterior se pueden identificar ciertas constantes que atraviesan el amplio espectro de las relaciones exteriores argentinas. La búsqueda de inversiones a través de la recuperación de la confianza internacional y la diversificación de los lazos económicos revitalizando relaciones previamente congeladas son, quizás, los dos principales objetivos de Macri. En este contexto, la renovación de la aproximación con Europa juega un papel vital para alcanzar la recuperación económica prometida durante la campaña electoral. No obstante, los resultados hasta el momento han sido, como mucho, escasos.

Para comprender el estado actual de la relación Argentina–Unión Europea se debe tener en cuenta un factor crucial: este no es el mundo para el cual Macri se preparó. Durante los 12 años de gobierno de los Kirchner y del “Frente para la Victoria”, el mismo había optado por una inserción internacional que no privilegiaba a Europa o América del Norte, sino que ponía el acento en forjar alianzas económicas con los mercados emergentes. Esta posición se fue consolidando lentamente en un contexto en que América Latina giraba a la izquierda y, con mayor énfasis, después de la crisis del 2008 que sumió a los países desarrollados en la Gran Recesión. Sin embargo, desde 2015 las economías centrales han vuelto a crecer y aunque a una menor tasa que en el pasado, parece que lo peor de ella ha quedado atrás. Al mismo tiempo, los mercados emergentes comenzaron a toparse con inconvenientes macroeconómicos, empezando por la desaceleración china y la crisis político-económica brasileña que sacude a la región. Esto hizo más atractivo un acercamiento a las potencias industriales tradicionales.

En este sentido y durante la campaña electoral, Macri promovió el acercamiento con Europa y los Estados Unidos, mostró su compromiso con la democracia liberal y su creencia en los beneficios del libre comercio y la Globalización. Las visitas de Barack Obama, François Hollande y Matteo Renzi a la Argentina a comienzos de 2016 convalidaron esta visión, momentáneamente. Por desgracia para Macri, el segundo semestre de 2016 trajo consigo una serie de sorpresas que materializaron el descontento preponderante en los países desarrollados y llevaron a un viraje de los vientos políticos: el triunfo del Brexit en el Reino Unido, la victoria en las presidenciales de Donald Trump en los Estados Unidos y el crecimiento de la popularidad de líderes iliberales en países como Austria, Francia y Holanda. Estos hechos han puesto en duda la sostenibilidad del orden internacional en el que Macri buscaba (re)insertar a la Argentina.

Sin embargo, la apuesta del gobierno argentino no se ha venido abajo. En los últimos meses, como consecuencia tanto de la labor de la Cancillería argentina como de factores exógenos al país, las relaciones con Europa muestran tener un potencial futuro exitoso. Antes de todo, es indudable que el giro de 180 grados que tomó la Casa Rosada fue una bocanada de aire fresco para los europeístas de Bruselas. Los elogios recibidos por el mandatario argentino y las reuniones mantenidas en su gira por Europa en junio de 2016 son la evidencia de un cauteloso optimismo dentro de la Unión Europea. No obstante, no se debe olvidar que una porción de la atención que ha recibido la Argentina fluye no solamente del relanzamiento de una política más amigable hacia Europa, sino quizás también de su mayor relevancia dada la profunda crisis política y económica que azota a la principal potencia de América Latina, Brasil.

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Sin embargo, la influencia de la crisis brasileña no debe opacar las oportunidades que se le han presentado a la Argentina. En primer lugar, el cambio de gobierno en Buenos Aires ha traído nuevos aires a las muy postergadas negociaciones de un acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. En la actualidad, la Argentina es el mayor impulsor de dicho acuerdo dentro del bloque del sur. El hecho de que ésta ejerza la Presidencia del Mercosur permite facilitar el avance en las negociaciones. Por otra parte, la asunción de Trump en los Estados Unidos ha echado por tierra cualquier posible revitalización del TTIP, abriendo la puerta a la Unión Europea para invertir mayor capital político en el acuerdo con el Mercosur. El correlato de estos factores han sido la reanudación de las negociaciones y el inesperado anuncio de la Canciller de Relaciones Exteriores argentina Susana Malcorra de que se buscará un acuerdo para antes de fin de año. Ciertamente, se intentará presentar los avances en el mismo coincidiendo con la siguiente Reunión Ministerial de la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que se llevará a cabo en Buenos Aires en diciembre de este año.

No obstante, estos buenos augurios no pueden esconder las dificultades inherentes al que sería uno de los principales triunfos del gobierno de Macri en política comercial. El espinoso asunto agrícola sigue siendo una de las principales trabas para alcanzar un acuerdo. Es indudable que para llegar a buen puerto, ambas partes deberán hacer concesiones. El proceso de ratificación del Acuerdo Integral de Economía y Comercio entre Canadá y la UE (CETA por sus siglas en inglés) ha ejemplificado que, además, los bloques deberán lidiar con las repercusiones negativas que estas puedan tener a nivel doméstico en cada uno de los estados. Asimismo, la reciente decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea deja fuera a un importante impulsor del libre comercio de la mesa de las negociaciones y, este factor, está centralizando la atención de Bruselas. Observando estos factores, la negociación de un acuerdo UE-Mercosur toma ahora nuevas dificultades, aunque todavía parece ser posible (al menos así lo ven las autoridades en Buenos Aires). Además y en relación a una futura ratificación de dicho acuerdo, esta será una batalla y un debate mucho más arduo que deberá conseguir su aprobación en los numerosos parlamentos nacionales de ambos bloques.

En segundo lugar, las buenas relaciones entre Europa y Argentina se han plasmado no solo en lo meramente comercial, sino también en el ámbito político. El traspaso de la presidencia del G-20 de Berlín a Buenos Aires ha estado generando diversos canales de diálogo entre ambos gobiernos, entre los cuales destaca la visita de la Canciller alemana Angela Merkel a la Argentina en junio. Así, estos logros de la Casa Rosada se enfocan en fortalecer la confianza internacional en la Argentina y presentar al país como un actor global que ejerce de facilitador del diálogo y de acuerdos en la política internacional. En este sentido, no hay duda que afianzar este rol será un desafío para Macri. Para conseguir dicho objetivo no ayudan los numerosos cambios que ha habido dentro del Palacio San Martín como las renuncias del vicecanciller, quien oficializaba como Sherpa del G-20, y de la influyente secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, que evidencian un malestar interno que dificultará el normal funcionamiento de la Cancillería argentina. Recientemente, la renuncia de Malcorra como canciller y la posible salida del actual vicecanciller, Villagra Delgado, refuerzan la noción de un gobierno poco estable. Asimismo, queda por ver cómo Macri ejercerá una Presidencia del G-20 que debe lidiar con una agenda amplia de temas que van desde el lento crecimiento económico global hasta el cambio climático.

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En tercer lugar, como se ha mencionado, desde la llegada a la presidencia de Macri han sido diversos los jefes de estado y dirigentes europeos que visitan el país tanto para apoyar las políticas del gobierno argentino, como para negociar potenciales inversiones. Así, las visitas oficiales de los entonces Primer Ministro italiano, Matteo Renzi y del Presidente francés, François Hollande, los presidentes de Bulgaria, Eslovenia, Italia y Suiza, el Primer Ministro de Montenegro o de la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini, hasta en tres ocasiones, y los próximos viajes de Merkel y del Primer Ministro portugués, António Costa, muestran una intensa agenda presidencial. Estas giras de máximos dirigentes europeos van acompañadas por amplias delegaciones de empresarios y funcionarios de segundo nivel que sirven para avanzar con la nueva imagen que desea el gobierno de la coalición política “Cambiemos” y con las promesas de numerosas inversiones. Sin embargo y teniendo en cuenta que aún es pronto para estimarlo, hasta el momento no se evidencia un aumento en el nivel de Inversión Extranjera Directa (IED) en la Argentina.

Un cuarto factor dentro de la relación con la Unión Europa es la voluntad de la Casa Rosada de ingresar en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). La amplia mayoría de países europeos dentro de este grupo han sido de gran importancia para el gobierno argentino que busca sus apoyos para convertirse en miembro de la organización. Además, el triunfo de Emmanuel Macron en las presidenciales en Francia significa mucho más que eso para el gobierno de Macri. Se da la circunstancia que el nuevo presidente francés fue compañero universitario del funcionario argentino encargado de gestionar el ingreso del país en la OCDE. En caso de lograrlo, la Argentina se sumaría a la lista de espera junto a Colombia y Costa Rica para acompañar a Chile y México como los miembros latinoamericanos de la OCDE. Así, la membresía no solamente significaría una certificación de la prestigiosa organización y acceso al apoyo que ésta brinda, sino también la consolidación del papel de la Argentina en el mundo como un actor activo en la economía internacional.

También debe destacarse que los resultados de las elecciones en Austria, Holanda y, en especial, Francia, han traído una bocanada de aire fresco para el gobierno argentino. La oleada populista y xenófoba en Europa parece haber sufrido un estancamiento momentáneo. Mientras tanto, en el otro lado del Atlántico, el triunfo de Trump en los Estados Unidos descolocó a la administración Macri que apostó abiertamente por la candidata demócrata. Actualmente, el país que había sido el mayor impulsor de la Globalización y de las instituciones democráticas desde 1944 pasa a ser gobernado por un impredecible populista que vocifera contra el libre mercado y muestra poco interés por mantenerse dentro de los márgenes impuestos por las instituciones republicanas. Este hecho ha provocado que el nuevo líder en la defensa de las instituciones democráticas y el orden internacional liberal se encuentre en Europa, mientras que el mayor defensor de la Globalización sea China.

En este sentido, el gobierno de Macri parece haber captado este movimiento tectónico internacional diversificando sus apuestas e intentando aprovechar al máximo las oportunidades que se le presentan. Así, solo el tiempo podrá mostrar el resultado de esta estrategia frente a los actores más importantes del escenario internacional.

Gino Pauselli y Gonzalo Casais

Gino Pauselli es profesor asistente e investigador en la Universidad de San Andrés de Buenos Aires en la cual obtuvo su Licenciatura en Relaciones Internacionales (2010). Twitter: @ginopauselli

Gonzalo Casais es miembro del Grupo Joven del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) y profesor asistente en la Pontificia Universidad Católica Argentina en la cual obtuvo su Licenciatura en Relaciones Internacionales (2016). Contacto: gonzalojcasais@gmail.com

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Foto 1: Mauricio Macri (I), Presidente de la Argentina, con Donald Tusk (D), Presidente del Consejo Europeo, en Bruselas, 04/07/2016 (Fuente: Presidencia de la Nación).

Foto 2: La canciller alemana, Angela Merkel (I), con Macri (D) en Berlín, 05/07/2016.

Foto 3: Macri (I) y su equipo recibe a Federica Mogherini (D), Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, en la Casa Rosada de Buenos Aires, 29/05/2017 (efe).