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Convención sobre el estatus del mar Caspio: Acuerdo histórico sin resolución definitiva

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Convención sobre el estatus del mar Caspio: Acuerdo histórico sin resolución definitiva

Convención sobre el estatus del mar Caspio: Acuerdo histórico sin resolución definitiva

Abel Riu Rusia y Asia Central 03/09/2018 Comentarios

El pasado 12 de agosto se celebró en la ciudad kazaja de Aktau la quinta cumbre de los cinco estados con litoral en el mar Caspio: Azerbaiyán, Irán, Kazajstán, Rusia y Turkmenistán. El objetivo central de este encuentro era establecer un estatus legal del mar Caspio, una cuestión que era motivo de negociaciones y desacuerdos desde hacía más de dos décadas y con importantes consecuencias en relación a la seguridad energética y temas medioambientales o dentro de la agenda de defensa y seguridad de todas las partes. En el marco de la cumbre, los presidentes de los cinco estados firmaron un acuerdo calificado de histórico para la gestión del mar salado interior más importante del mundo.

Situado entre Asia y Europa, el mar Caspio se encuentra en una zona de gran valor estratégico por sus grandes reservas en petróleo y gas, tanto offshore como onshore, de aproximadamente unos 48 miles de millones de barriles de petróleo y 8,7 billones de metros cúbicos de gas natural, respectivamente. Hasta la caída de la URSS, las normas que regulaban el acceso al Caspio estaban contenidas en el Tratado de Amistad Ruso-Persa del año 1921, y el Tratado de Comercio y Navegación de 1940. A pesar de ello, ninguno de los dos tratados regulaba explícitamente la división de las aguas, ya que solo hacían referencia al derecho de uso del Caspio por parte de los actores implicados. En la práctica, la URSS disponía del predominio sobre este y la zona utilizada por Irán se limitaba a la área próxima a su litoral.

Sin embargo, a partir del año 1991 con la aparición de nuevos estados en el litoral del Caspio como consecuencia de la desintegración de la Unión Soviética, el acceso a las aguas y su división se convirtió en un tema más complejo pasando a adquirir una dimensión internacional. Además, el hecho que fuera una zona rica en reservas de hidrocarburos no ayudaba a resolver la cuestión, especialmente teniendo en cuenta los planes y las agendas de los tres nuevos estados independientes – Azerbaiyán, Kazajstán y Turkmenistán – que querían aprovechar estos recursos para fomentar su desarrollo económico.

En la década de los noventa, el mar Caspio fue descrito por algunos analistas como la nueva Alaska para la industria petrolífera y gasista. Pero la mayoría de los grandes planes que se estaban diseñando no se han podido llevar a cabo hasta el momento por el hecho que el Caspio no dispone de un litoral abierto al comercio internacional. A ello hay que añadir los litigios históricos y el problema de la demarcación y el reparto de los recursos que no permitían la plena explotación del potencial energético y de recursos naturales del mar Caspio, con la excepción de la gestión de algunos yacimientos de gas y petróleo como el de Kashagan por parte de Kazajstán, los de Chirag-Guneshli y Shah Deniz a cargo de Azerbaiyán, o el de Cheleken por Turkmenistán, los cuales son claves para las respectivas economías.

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Así, la Convención firmada en Aktau por parte de los cinco países establece un marco legal para el mar Caspio, a pesar que deja algunas cuestiones sin solucionar y que requerirá acuerdos adicionales. Entre los temas más delicados que se querían resolver en el marco de la cumbre, cabe señalar el hecho de definir el Caspio como un mar o como un lago. Optar por la primera opción supondría dividir el Caspio en relación a los kilómetros del litoral de cada Estado, mientras que hacerlo como un lago implicaría dividir los recursos de forma equitativa entre los cinco estados, independientemente de la longitud de sus costas. Finalmente, la fórmula elegida confirma que el Caspio queda reconocido como un mar, una decisión que comporta consecuencias económicas, militares y políticas de gran relevancia. En este sentido, cada Estado controlará 15 millas (24 km.) náuticas de agua desde su litoral para su explotación mineral, y contará con 25 millas (40 km.) destinadas a pesca. No obstante, la falta de acuerdo previo no había frenado a los países del Caspio en acceder a los recursos energéticos próximos a sus costas, pero en muchos casos se había prevenido su explotación más allá de estas.

Otro aspecto clave abordado es como se reparte el Caspio en las zonas que van más allá de las aguas territoriales y las zonas de pesca de cada Estado. En este sentido, por un lado existe un acuerdo en la división de la parte norte correspondiente al 60% del mar entre Azerbaiyán, Kazajstán y Rusia. Pero por el otro lado, la falta de acuerdo entre Azerbaiyán, Irán y Turkmenistán para dividirse el 40% restante continua siendo uno de los principales problemas dentro de la agenda de temas pendientes para acabar de solventar. De hecho, la opinión pública iraní se ha mostrado muy crítica con este acuerdo asegurando que Irán había renunciado a sus derechos históricos respecto al mar Caspio en beneficio de sus vecinos del norte. Uno de los argumentos centrales de esta opinión expone que las aguas territoriales que corresponden a Irán según la convención es de un 11% del litoral (equivalente a su porcentaje de costa) respecto al 50% que supuestamente tenía cuando el Caspio se dividió entre la URSS e Irán. Así, algunos miembros del parlamento iraní han comparado el acuerdo con la humillación que supuso el Tratado de Turkmenchay del año 1928, en el cual el Imperio Persa cedió importantes territorios de la Transcaucasia a la Rusia Zarista. Buena parte de esta polémica se genera por asumir que antes de la caída de la URSS, Moscú y Teherán habían dividido el Caspio en dos mitades, el 50% para cada una de las partes, según los tratados citados anteriormente.

Desde una perspectiva militar, la convención adquiere una relevancia capital para Irán y Rusia, ya que en su artículo 3 se establece la no presencia de fuerzas armadas en el mar Caspio salvo las de aquellos estados signatarios del acuerdo. Tanto Moscú como Teherán negociaron duramente con las otras partes para conseguir esta garantía de seguridad, especialmente, en relación a una posible presencia militar de tropas de los Estados Unidos (EE.UU.) u otros miembros de la OTAN. Esta era una opción que se hubiera podido materializar con la construcción de una base militar estadounidense en Kazajstán. Paralelamente, los EE.UU. han estado presionando para utilizar el Caspio como ruta logística de transporte de equipamiento militar de Azerbaiyán en dirección hacia Afganistán a través de Kazajstán y Uzbekistán.

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También de gran relevancia geopolítica y con efectos sobre las políticas de Defensa – especialmente para Rusia y su Distrito Militar Sur – es el acuerdo por el cual se permite la actividad militar ilimitada de las flotas de los estados del Caspio en las zonas que no queden designadas como aguas territoriales o zonas de pesca. Esto implica que la flota rusa del mar Caspio, la más poderosa de entre los cinco países, perteneciente al Distrito Militar Sur de las Fuerzas Armadas Rusas podrá actuar prácticamente en todo el mar Caspio. No obstante, Rusia ya venía actuando en estas zonas como lo demuestra el lanzamiento de algunos misiles de crucero sobre diversos objetivos en Siria desde aguas del Caspio en el mes de octubre del año 2015, durante el inicio de su intervención militar para apoyar a al-Assad. Al mismo tiempo, el Ministerio de Defensa ruso anuncia la construcción de una nueva base militar para su flota del mar Caspio en Kaspiysk, en la República de Daguestán, fortaleciendo no solo su presencia en la región, sino también su posición geoestratégica en Oriente Medio y Asia Central.

Respecto a la seguridad energética, desde los años noventa, diversas compañías energéticas occidentales mostraron su interés en la construcción de gasoductos y oleoductos Transcaspianos para conectar los recursos de Asia Central con los mercados globales. De hecho, ya en los tiempos de la administración Clinton, los EE.UU. presionaban para impulsar rutas de transporte energético y comercial desde el Caspio a través de Azerbaiyán y Georgia, una ruta conocida como el Corredor Sur. El resultado más importante de esta estrategia es la construcción y apertura del oleoducto Baku-Tbilisi-Ceyhan, que transporta petróleo desde las costas azeríes hasta el puerto turco de Ceyhan, cruzando territorio georgiano, y desde ahí se transporta a diferentes destinaciones, especialmente a los estados de la Unión Europea (UE).

A pesar de ello, la falta de acuerdo entre los estados del litoral del mar Caspio había paralizado cualquier proyecto de construcción de oleoductos y gasoductos que lo atravesasen. De estos, destaca el proyecto conocido como Trans-Caspian Pipeline (TCP) que podría permitir a Turkmenistán exportar gas natural a los mercados europeos a través de Azerbaiyán, Georgia y Turquía. El TCP es una iniciativa que se remonta al año 1999 y que cuenta con el apoyo tanto de los EE.UU. como de la UE. Esta adhesión viene dada porque el objetivo principal de la infraestructura sería contribuir a la reducción de la dependencia de los estados miembros de la UE respecto a las importaciones de gas ruso, las cuales representaron un 37% del total en el año 2017. También se buscaría disminuir el control que Rusia ejerce sobre las rutas del tránsito energético, especialmente en relación al gas procedente de Asia Central con destinación a Europa. Además, privaría a Irán de desarrollar un potencial gasoducto Turkmenistan- Irán-Turquía para transportar gas turkmeno hacia Europa. Por este motivo, tanto Teherán como Moscú se han mostrado históricamente opuestos a la construcción del TCP.

Aunque la nueva convención acerca la posibilidad del TCP, el mayor obstáculo que debería afrontar la construcción de esta infraestructura sería el hecho que el acuerdo recoge que todo gasoducto u oleoducto construido en el fondo del mar Caspio “deberá cumplir los estándares medioambientales y los requisitos contemplados en los acuerdos internacionales”. En este sentido, no se puede descartar que Rusia e Irán utilicen la carta medioambiental para frenar la construcción del TCP. Mientras tanto, Moscú podría buscar vías alternativas para convencer a Asjabad que renuncie al proyecto del TCP, por ejemplo, restableciendo las importaciones de gas turkmeno a Rusia que fueron interrumpidas hace diez años, hecho que significaría un impulso importante para la maltrecha economía de Turkmenistán. Sin embargo, un cambio de posición de Rusia hacia una postura más flexible en relación al TCP podría darse si se considerara un escenario en el cual el gas turkmeno competiría en los mercados europeos no tanto con el gas ruso – con una cuota de exportaciones bastante consolidada y que se puede ver reforzada con la construcción del Nord Stream II -, sino frente a las posibles exportaciones de gas licuado (LNG, en sus siglas en inglés) procedente de los EE.UU.

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En este sentido, Turkmenistán es el Estado con las cuartas reservas de gas natural más grandes del planeta, con 17,5 billones de metros cúbicos, solo por detrás de Irán (33,5), Rusia (32,3) y Qatar (24,3). Según los datos del año 2016, el 78,8% del total de sus exportaciones de gas van destinadas a China. Asimismo, estas supusieron un 40,6% del total de las importaciones chinas de gas. Así, Turkmenistán es muy dependiente de sus exportaciones de gas y China es el único Estado que se lo compra en cantidades substanciales, especialmente desde la entrada en funcionamiento en el año 2009 del gasoducto que une ambos países a través del territorio kazajo y uzbeko. Por ello, el TCP es una alternativa para dar salida a su gas en los mercados globales, juntamente con el gasoducto Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India (TAPI) – con algunos tramos ya en construcción -, y con Irán, Estado al cual ya exportaba en cantidades menores hasta que estas fueron interrumpidas en 2017 por unos supuestos impagos.

Des del punto de vista ruso, otro motivo por el cual Rusia puede haber impulsado la resolución del estatus del mar Caspio después de más de dos décadas oponiéndose a un acuerdo es la creciente influencia de China sobre la región, sobretodo con la implementación del proyecto Belt and Road Initiative (BRI). Con el apoyo chino, el comercio centroasiático se ha redirigido en gran parte hacia Irán en detrimento de Rusia. Al mismo tiempo, la no resolución del estatus del Caspio ha influido en el hecho que una parte importante de las exportaciones energéticas de Asia Central durante los últimos años se hayan destinado a China en vez de Rusia.

Por la parte iraní, la insistencia de Teherán en su aspiración por controlar como mínimo el 20% del Caspio fue una de las causas del estancamiento de las negociaciones durante años. Sin embargo, el renovado aislamiento al cual la administración de Donald Trump quiere someter a Irán, con su retirada del Acuerdo Nuclear y la imposición de un nuevo régimen de sanciones contra la República Islámica, habría estado un factor determinante para provocar el cambio de opinión del gobierno presidido por Hasan Rohaní, aviniéndose a normalizar el estatus con los estados del Caspio para dar una imagen de apertura internacional y fortalecimiento del vínculo con sus vecinos del norte.

Finalmente, la convención de Aktau introduce medidas legales para la resolución de conflictos, pero pospone la cuestión fundamental de la delimitación de la porción de superficie y fondo marino – y por lo tanto de recursos naturales – que corresponden a cada Estado, cuando menos en relación a los tres países del sur. Así, la convención firmada el 12 de agosto en el transcurso de la V Cumbre del Caspio está lejos de solucionar este tema capital, un aspecto delicado que deberá ser tratado en posteriores negociaciones.

Abel Riu


Foto 1: El Presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliev, el Presidente de Irán, Hasan Rohaní, el Presidente de Kazajstán, Nursultan Nazarbaev, el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, y el Presidente de Turkmenistan, Gurbanguly Berdymukhammedov en la cumbre de Aktau (Kazajstán), 12/08/2018 (Fuente: Kremlin).

Foto 2: Infraestructuras relacionadas con el sector petrolífero y gasista en la región del Caspio en el año 2013 (Fuente: EIA/WikiCommons).

Foto 3: Fuerza Naval rusa en el mar Caspio en el año 2017 (Fuente: Ministerio de Defensa de Rusia).

Foto 4: Campo petrolífero Vladimir Filanovsky propiedad de la empresa rusa Lukoil en la parte norte del mar Caspio, 14/06/2017 (Fuente: Lukoil).