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Cataluña y las lecciones de octubre: El frente internacional

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Cataluña y las lecciones de octubre: El frente internacional

Cataluña y las lecciones de octubre: El frente internacional

Abel Riu Cataluña 28/10/2018 Comentarios

Ya ha pasado un año desde la fallida declaración de independencia del Parlamento de Cataluña el 27 de octubre del año 2017. Más allá de todos los acontecimientos políticos que se produjeron en el ámbito interno, el foco de las horas posteriores a aquella declaración se centraba, entre otras cuestiones, en la expectativa sobre los posibles reconocimientos internacionales que podría obtener la República catalana, los cuales, como no podía ser de otra manera, nunca llegaron. En este sentido, este análisis pretende presentar algunas reflexiones e “ideas fuerza” con perspectiva sobre la acción exterior que se llevó a cabo aquellas semanas de otoño del año 2017, con voluntad de hacer autocrítica de cara a posibles escenarios futuros.

RECONOCIMIENTOS INTERNACIONALES

Mucho se ha hablado en este último año de la ausencia de reconocimientos internacionales de la República catalana que se proclamó sobre el papel el 27-O. Desde el unionismo se utiliza este hecho como argumento para atacar los planteamientos independentistas y reforzar la tesis que una independencia es simplemente irrealizable, entre otras cosas, porque no conseguiría el apoyo de ningún actor en el exterior. Más recientemente, desde un sector del propio movimiento independentista se emplea esta falta de reconocimientos de hace un año como una muestra del supuesto fracaso de la vía unilateral. La realidad es que estos reconocimientos no se consiguieron en tanto que no se cumplieron dos requisitos básicos que dependían exclusivamente de las instituciones catalanas: En primer lugar, la República catalana no se reconoció a si misma, las instituciones no intentaron hacerla efectiva y no se puso en marcha ningún plan de contingencia para disputar el control del territorio al Estado español. En otras palabras, la declaración del 27-O no solo no derivó en la constitución de un Estado catalán de facto – paso indispensable para un reconocimiento internacional de iure – sino que este extremo ni tan siquiera se intentó conseguir por la vía de los hechos.

En segundo lugar, el gobierno catalán no pidió ningún reconocimiento internacional a gobiernos de terceros estados. Después del referéndum celebrado el 1 de octubre, las Delegaciones del Gobierno en el exterior recibieron la instrucción de buscar mediadores internacionales, pero no de trabajar para obtener reconocimientos por parte de otros gobiernos y prepararlos para el momento en el cual se produjese una hipotética declaración de independencia. Así, es importante destacar que existían gobiernos, como en el caso de Eslovenia, dispuestos a asumir el riesgo de reconocer a una Cataluña independiente. A pesar de ello, en vez de pedir que hicieran este paso, se solicitó al gobierno esloveno que se ofreciese como mediador, propuesta que aceptaron. Pero como los hechos demostraron, no tuvo ningún tipo de utilidad práctica porque Madrid no tenía ningún incentivo ni la presión necesaria para aceptar ningún tipo de mediación internacional.

PROYECTAR CREDIBILIDAD, VERACIDAD Y DETERMINACIÓN

“Antes, me era bastante indiferente la cuestión de la independencia de Cataluña, ya que no estaba convencido que los catalanes y sus líderes políticos se tomaran muy en serio la opción de separarse de España. Pero ahora está claro que los líderes catalanes están indiscutiblemente comprometidos con la independencia, y es evidente que tienen el firme apoyo de un gran porcentaje de la población”. Estas declaraciones las efectuó el líder del partido Conservador de Estonia Martin Helme a finales del mes de octubre del año 2017. Sus palabras revelan la importancia de proyectar credibilidad y determinación de cara a ganar apoyos y adhesiones en el exterior. Independientemente de la existencia de partidos políticos, miembros del parlamento o gobiernos en diferentes países y estados que puedan mostrar algún tipo de simpatía por la causa catalana y/o, al mismo tiempo, un interés objetivo y pragmático en una Cataluña independiente, difícilmente estos darán un paso adelante y pondrán en riesgo su relación con el Estado español si entienden que los dirigentes catalanes no están dispuestos a llegar hasta el final en la aplicación de su programa político de implementación y defensa de una República catalana.

En este sentido, el 1-O generó un impacto muy positivo en el exterior en relación a la proyección de esta credibilidad y determinación de la causa independentista catalana. Una unilateralidad fomentada en la cooperación entre las instituciones y la sociedad civil organizada que envió un mensaje al exterior que debían tomarse muy en serio al independentismo catalán como movimiento político con aspiraciones de convertirse en un Estado. Este hecho, sumado a la indignación y la reacción que causó la represión y la violencia ordenada desde Madrid, con movilizaciones masivas en el interior y una opinión pública europea escandalizada con la actitud adoptada por el gobierno español, generó un “momentum” propicio para intentar forzar cambios en el statu quo por la vía de los hechos y, en consecuencia, conseguir una posible negociación.

En sentido contrario, las dudas, la confusión y la improvisación que aparecieron después del referéndum a partir del día 3 de octubre, especialmente en el 10 de octubre y días posteriores, provocaron que esta ventana de oportunidad se cerrara y la atención internacional, poco a poco, se fuera alejando. Un año después, la praxis autonomista y los mensajes contradictorios que algunos miembros del gobierno catalán y exiliados en ocasiones transmiten a los medios de comunicación, contrapartes y en foros internacionales no ayudan a proyectar veracidad, al contrario, generan confusión respecto a las reivindicaciones autodeterministas catalanas, y les restan credibilidad.

IDENTIFICAR OPORTUNIDADES EN EUROPA, Y MÁS ALLÁ

Uno de los factores que durante aquellas semanas determinaron – y sigue determinando – la acción exterior del gobierno catalán, fue un más que evidente eurocentrismo, basado en la idea que una Unión Europea democrática acudiría en apoyo del independentismo catalán y forzaría al Estado español a negociar. Esto no se produjo, como no podía ser de otra manera. La tenue respuesta oficial de las instituciones europeas y de la mayoría de los gobiernos europeos ante la violencia del 1-O, con algunas excepciones, quedó lejos de las expectativas del gobierno catalán.

A pesar de la hiperactividad diplomática, las presiones y hasta las amenazas realizadas por el Ministerio de Exteriores español en el transcurso de esas semanas para que los gobiernos europeos cerraran filas con Madrid y apoyaran de forma acrítica su posición, lo cierto es que aparecieron algunas “disidencias” bastante significativas. Por ejemplo, el gobierno griego se negó inicialmente a publicar un comunicado en apoyo a la unidad de España después de la declaración del 27-O y la aplicación del 155, tal como el gobierno español demandó a todas las contrapartes de la UE. Este hecho, generó un conflicto diplomático entre ambos estados. Anteriormente y en el centro de Europa, el portavoz del gobierno húngaro había afirmado el día 18 de septiembre que “respetarían” la voluntad popular en Cataluña. Además, la violencia ejercida en el transcurso del referéndum del 1-O causó una crisis interna dentro del gobierno irlandés, poniendo sobre la mesa la posibilidad de convocar a consultas al embajador español para pedir explicaciones en relación a la actuación de las fuerzas de seguridad españolas. En la misma dirección, la presidenta lituana, Dalia Grybauskaite, tildó de “vergüenza” la actuación policial del 1-O.

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A mediados del mes de octubre, la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento esloveno pedía una solución basada en el diálogo para Cataluña. Previamente, sus Comités de Asuntos Exteriores y Asuntos Europeos aprobaron por unanimidad una resolución dirigida a su gobierno para que abogara por una solución basada en el diálogo y que reconociera el respeto al derecho de autodeterminación. Al mismo tiempo, representantes de los partidos gubernamentales eslovenos se mostraron partidarios de un reconocimiento por parte de Eslovenia a una Cataluña independiente. Cabe destacar también el hecho que un diputado del partido del gobierno de Finlandia, el Partido del Centro, se dedicara a hacer campaña de manera abierta a favor del derecho de autodeterminación de Cataluña, sin recibir ningún tipo de desautorización ni del gobierno ni de su formación política, entre otros ejemplos.

Sin embargo, como club de estados, las posibilidades de apoyo dentro de la Unión Europea son muy limitadas de entrada. Por este motivo, es importante introducir la aproximación de la existencia de estados más allá de la UE que pueden mostrar un interés objetivo y pragmático en una Cataluña independiente por cuestiones políticas, económicas o geoestratégicas, incluido un posible interés por debilitar al Estado español. En este sentido, es importante analizar, identificar y trabajar más intensamente las oportunidades y los interlocutores en regiones como Asia, África, Oriente Medio y América Latina.

Así, se destacan los silencios de estados miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) a la declaración del 27-O, en contraste con otros estados latinoamericanos que apoyaron la aplicación del 155. En la región del Cáucaso Sur encontramos a Armenia, país interesado en el caso catalán porque éste podría convertirse en un referente internacional favorable a la situación del Nagorno Karabaj. En Asia Oriental, Japón tiene importantes relaciones comerciales y económicas con Cataluña (no solo concentra el 53% del comercio total entre España y Japón, sino que además en Cataluña también hay el 80% de las empresas japonesas con presencia en el Estado español). El hecho que el Ministro de Exteriores japonés afirmara a principios de octubre del año 2017 que su gobierno “no tomaba partido” en relación a la cuestión catalana resulta relevante. En este sentido, Tokio seguía con mucha atención los acontecimientos que pasaban en Cataluña de la misma manera que muchos otros gobiernos. Finalmente, el día 30 de octubre y cuando las acciones indicaban que desde las instituciones catalanas se renunciaba a intentar implementar la República catalana, el Ministerio de Asuntos Exteriores japonés declaró su “respeto” hacia las medidas adoptadas por el gobierno español, es decir, la aplicación del artículo 155. En relación al continente africano, el gobierno argelino adoptó una posición similar a la de la cancillería japonesa, manteniendo un silencio prudencial en relación a lo que estaba sucediendo en Cataluña hasta el día 31 de octubre, en el cual apoyó la aplicación del 155.

CUESTIÓN DE PRINCIPIOS, PERO TAMBIÉN DE INTERESES: LA REALPOLITIK

Buena parte de la acción exterior del gobierno se basó en presentar la cuestión catalana como una defensa de los valores de la democracia, los derechos civiles y libertades fundamentales enfrente de un Estado español autoritario y no democrático, entendiendo que la obligación moral de las contrapartes, sobretodo de los estados miembros de la UE, era apoyar las reivindicaciones catalanas como causa justa.

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Como es bien sabido en el sector, las relaciones internacionales están definidas más por intereses que no por principios. Por eso, es importante saber y entender cuales son los intereses de los interlocutores en ámbitos como la política de defensa y seguridad internacional, los equilibrios de poder dentro de la Unión Europea, los sistemas de alianzas a los cuales pertenecen, su posición geoestratégica en temas de transporte y energía, entre otros muchos, con el objetivo de presentar un proyecto y una visión de Estado bien definida y que genere veracidad, especialmente en el espacio europeo y del mediterráneo, las dos grandes áreas de referencia, pero también más allá de las mismas. Por ejemplo, se debe hacer valer el poder económico de Cataluña siendo la segunda zona industrial más potente del sur de Europa, o que el 70% de las mercancías que circulan entre la península Ibérica y la UE por vía terrestre lo hacen pasando por territorio catalán. También que el aeropuerto de El Prat es el séptimo aeropuerto del continente con más tránsito de pasajeros con cifras que se incrementan cada año y localizado a pocos kilómetros del Puerto de Barcelona, el décimo más importante de Europa en tránsito de mercancías y el que crece más rápidamente (un 38% entre 2016 y 2017) gracias, en buena parte, a las importantes inversiones chinas. O que la ciudad de Barcelona se encuentra en el top ten del ranking europeo en R+D e innovación, entre muchos otros aspectos.

En este sentido, seria recomendable y relevante para Cataluña que se abrieran los espacios de interlocución y negociación más allá de las conocidas como “democracias occidentales”. Así, en el otoño del año 2017 se renunció a hablar con algunas contrapartes disponibles que tenían un gran interés en escuchar el posicionamiento del gobierno catalán, tanto desde dentro como fuera de Europa -incluyendo el gobierno de un Estado miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas – por el hecho de no cumplir, supuestamente, con una serie de niveles de calidad democrática. En cambio, el Ministerio de Exteriores español, a través de su red de más de 130 embajadas y 76 consulados, defiende su posición delante de todos los estados del mundo. Teniendo en cuenta esto, y ante las dificultades para que la paradiplomacia catalana sea recibida en el exterior, es indispensable no renunciar a explicar y defender el proyecto de la República catalana ante todo aquel interlocutor que muestre algún tipo de interés con el objetivo de transmitir información de forma directa y maximizar las opciones de obtener de apoyos.

En resumen, la política exterior catalana debería implementar una aproximación global que identifique oportunidades más allá de la Unión Europea con un lenguaje que hable de principios, pero también de intereses y de geoestrategia tomando nota de las necesidades de las contrapartes. También seria condición indispensable que el mensaje fuera acompañado de una acción política coherente, coordinada y determinada en la cual los hechos concuerden con las palabras para ganar la credibilidad que la contraparte exigirá. Estos son algunos de los elementos clave para desarrollar una acción exterior republicana dentro de un marco de cooperación entre las instituciones y la sociedad civil organizada en el exterior.

Abel Riu

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Foto 1: Pleno del Parlamento de Cataluña, 27/10/2017 (Fuente: RTVE).

Foto 2: Gente concentrada en la plaça de Sant Jaume de Barcelona, 27/10/2017 (Fuente: RTVE).

Foto 3: Tweet del Secretario General del Partido Socialdemócrata Esloveno, Dejan Levanic, 18/10/2017 (Fuente: Cuenta de Twitter de @DejanLevanic).

Foto 4: Puerto de Barcelona (Fuente: La Vanguardia).