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El “Brasil Profundo” llega al poder: la victoria de Bolsonaro y efectos en la política exterior

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El “Brasil Profundo” llega al poder: la victoria de Bolsonaro y efectos en la política exterior

El “Brasil Profundo” llega al poder: la victoria de Bolsonaro y efectos en la política exterior

capesic América Latina y el Caribe 19/11/2018 Comentarios

La victoria de Jair Bolsonaro en las elecciones presidenciales en Brasil ha generado cierta conmoción dentro y fuera del país. A la sorpresa por su llegada al poder, se añaden una serie de preguntas hechas por aquellos que siguen la política brasileña de cerca. Aún a sabiendas de los reconocidos problemas por los cuales atraviesa la mayor economía latinoamericana, los analistas siguen escuchando las preguntas: ¿cómo Brasil, un país de gran diversidad cultural y étnica, con una democracia de 30 años instalada tras el fin de una larga experiencia de gobiernos militares, puede haber elegido como Presidente a un candidato derechista de rasgos autoritarios, conservador, acusado de emplear un discurso contra determinadas minorías sociales y hasta entonces considerado un diputado políticamente marginal? ¿Cuáles serán los retos del nuevo gobierno y las perspectivas de su política exterior?

Aunque un año atrás era inesperada y poco probable, la victoria de Bolsonaro no es incomprensible. Así, para entenderla se debe analizar algunos factores como los procesos de cambio por los cuales ha transitado la sociedad brasileña en las últimas décadas, el estrés en el sistema político local, así como los acontecimientos sorprendentes – pero fundamentales – de las semanas anteriores a la primera vuelta de la disputa presidencial. Por ello, más allá de la simple adivinación, es necesaria una mirada más profunda hacia la complejidad de Brasil.

Una combinación de factores coyunturales y estructurales fue capaz de impulsar a Bolsonaro a la condición de futuro mandatario de Brasil. Entre ellas, se pueden destacar cinco conjuntos de elementos: 1) el conservadurismo de la sociedad brasileña y su fortalecimiento gracias a la ascensión del cristianismo neopentecostal en el país; 2) la baja calidad de los servicios públicos y el aumento de la percepción entre la población de la existencia de altos niveles de corrupción en los últimos años; 3) la crisis económica del país y el “antipetismo”; 4) la creciente sensación de inseguridad y del incremento de la violencia urbana; 5) la disputa por la hegemonía de la izquierda política y el atentado sufrido por Bolsonaro un mes antes de la primera vuelta de la elección presidencial.

EL BRASIL DEL CAMBIO: LAS FUERZAS PROFUNDAS QUE IMPULSARON A BOLSONARO

Es necesario aseverar que, más allá de la imagen general que se tiene de Brasil fuera de sus fronteras – la idea de un sitio alegre, multirracial y tolerante –, el país tiene una herencia cultural conservadora. A pesar que en los últimos 50 años la modernización productiva y la urbanización hayan provocado una notable apertura de las costumbres en los grandes centros del país, los diversos interiores – el llamado “Brasil profundo” – siguen siendo una reserva de valores tradicionales en el ámbito del comportamiento. Además, al menos desde de la década de los noventa, se experimenta una progresiva y silenciosa renovación del conservadurismo en el país. Esto está relacionado con la fuerte expansión local de las iglesias neopentecostales de influencia estadounidense. Según censos oficiales, entre los años 1991 y 2010, el porcentaje de la población brasileña que se declaraba “evangélica” pasó de 9% al 22%.

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En la siguiente década, ya entrando en el nuevo siglo, las corrientes evangélicas en Brasil ya estaban organizadas en grandes grupos dentro de los cuales se empezaron a crear formaciones políticas y a representar a sectores significativos de la sociedad. Así, la política pasó a ser uno de los instrumentos de crecimiento de estas iglesias gracias a la candidatura de sus líderes, a la formación de partidos de cariz evangélico y al control sobre medios de comunicación. En este sentido, compartiendo muchos de los propósitos de recuperación de valores conservadores (especialmente en relación al concepto de “familia” y a la libertad reproductiva y sexual), la candidatura de Bolsonaro encontró un gran eco en amplios segmentos sociales y se alió desde el principio con importantes fuerzas neopentecostales que, a su vez, necesitaban fortalecer su presencia ante la expansión de una pauta progresista en las costumbres tras la promulgación de la Constitución de 1988 y que, en Brasil, solía estar vinculada a la izquierda.

Además, el período de crecimiento económico entre los años 2005 a 2012 – bajo los gobiernos de centro-izquierda del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula da Silva – no generó una percepción de mejora significativa de la calidad de los servicios públicos. Es verdad que, analizado en perspectiva, Brasil experimentó avances notables en los más diversos indicadores sociales. Sin embargo, la aparente prosperidad de la economía brasileña en aquellos años no se reflejó en igual proporción con el aumento del bienestar de las clases trabajadoras y medias, especialmente en los centros urbanos. Este hecho quedó constatado en las grandes manifestaciones del año 2013 en el primer mandato de Dilma Rousseff (2011-2014). Unida a esta sensación de malestar social, la publicación por parte de los medios de comunicación de grandes casos de corrupción – como el “Mensalão” en 2005 y la Operación “Lava Jato” a partir de 2014 – intensificó la percepción de condena a la vida suntuosa de la élite política. Debido a ello, se fortaleció el espacio para la defensa de discursos moralizadores, aunque radicales, de la vida política. Bolsonaro – un diputado federal inexpresivo y folclórico – y el grupo político que se formó en su entorno a partir del año 2015 percibieron este sentimiento y lo explotaron electoralmente.

Otro aspecto importante para la victoria de Bolsonaro está vinculado al momento económico actual de Brasil y a una lectura de la misma que se desarrolló en relación a sus responsables. Brasil aún vive su peor crisis en décadas. Entre 2015 y 2016, Brasil experimentó una contracción de 7,2% de su PIB. En el primer trimestre de 2018, se registró una tasa de paro del 13,1%. Aunque la mala situación económica también alcanzó al Gobierno Temer (2016-2018), los orígenes de la actual crisis suelen ser atribuidos a errores de la política económica de Dilma. Este aspecto, añadido a los escándalos de corrupción de su partido y al natural desgaste político del grupo que gobernó Brasil durante 13 años, alimentó un fuerte sentimiento de rechazo a los gobiernos del PT – el llamado “antipetismo”.

Pero debe constatarse, al mismo tiempo, que el “antipetismo” es también el resultado de una amplia y exitosa narrativa alimentada por fuerzas políticas (incluyendo una parte de los medios) que se oponían al Partido de los Trabajadores y que fue capaz de cambiar la imagen de Lula frente a la opinión pública. Así, de Presidente mejor evaluado en el final de su gobierno (87% de aprobación en el mes de diciembre del año 2010), Lula pasó a ser el más rechazado (46% de rechazo en el mes de junio del año 2018) entre los posibles candidatos a la Presidencia en las elecciones 2018. El “antipetismo” también afectó negativamente a los partidos de la izquierda y ayudó a mejorar la percepción del elector con respecto a las pautas económicas liberales. Esto fue fundamental para la candidatura de Bolsonaro – conservador en los valores y liberal en la economía.

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Llegados a este punto, el analista podría afirmar que la crisis económica y el “antipetismo” hubiera podido impulsar a cualquier otro candidato de la derecha que no tuviera un perfil tan extremo como Bolsonaro. Sin embargo, existe otro factor que ayuda a explicar porque el ex capitán del Ejército adquirió notoriedad con un discurso autoritario y crítico con los derechos humanos: la creciente sensación de inseguridad pública en Brasil. En el año 2016, los homicidios en Brasil superaron los 60 mil, un nivel 30 veces mayor que la media europea. En los últimos 10 años, 553 mil personas perdieron la vida violentamente en el país. Organizaciones del crimen organizado aumentaron su poder y, actualmente, disponen de ramificaciones en el exterior. En Brasil, hay una idea general de que el sistema penal es tolerante e incapaz de contener la violencia, siendo un grave problema de seguridad que los anteriores gobiernos evitaron de afrontar. En dicho contexto, se fraguó un terreno fértil para una candidatura que defendía un Estado fuerte, poco tolerante, con mano dura contra el crimen y dispuesto a facilitar la posesión de armas para los ciudadanos comunes. Aunque ello significara poner en riesgo parte de las libertades individuales, las propuestas de Bolsonaro fueron atractivas para un importante sector del electorado que se siente amedrentada por la violencia.

Finalmente, en su discurso se hacían constantes referencias a la ineficacia del actual sistema político, su decadencia moral y gerencial, además de una nostalgia idealizada del periodo de los Gobiernos Militares (1964-1985). Esta idea se conectaba con el “ansia por el orden” de parte expresiva de la sociedad y con los sentimientos antisistema y antiestablishment que fueron ganando fuerza con las manifestaciones multitudinarias entre los años 2013 y 2016. Alimentados por distintos intereses políticos, estos procesos fueron mejor aprovechados por una nueva ola de candidatos outsiders. Entre ellos, el propio Bolsonaro y su grupo político. En este escenario, las estrategias de comunicación y de campaña electoral vía redes sociales ejercieron una función hasta entonces inédita en Brasil. Ningún otro candidato supo aunar los sentimientos de rescate de valores conservadores, de “antipetismo” y de voluntad de combatir la inseguridad pública como Bolsonaro. Sin embargo, a pesar del creciente apoyo popular, su candidatura aún producía un considerable índice de rechazo electoral en la previa a la primera vuelta de las presidenciales (45% de rechazo en septiembre de 2018). Fueron los sorprendentes sucesos de las últimas semanas de la campaña los que finalmente indicaron la posibilidad de una victoria de Bolsonaro.

LOS EVENTOS DEFINIDORES: LA DISPUTA DENTRO DE LAS IZQUIERDAS Y EL ATENTADO

Tras la entrada en prisión de Lula por el caso “Lava Jato” en el mes de abril de 2018, el PT decidió anunciar públicamente que el ex Presidente seguiría como candidato del partido para las elecciones presidenciales. Con esta medida, se buscaba garantizar que la imagen del PT continuara vinculada a la fuerza electoral que generaba Lula hasta que se encontrara a otro candidato con garantías para sustituir al líder encarcelado. Así, el PT no sólo no renunciaba a presentar candidato propio, sino que además buscaba mantener su hegemonía dentro de las izquierdas para las elecciones presidenciales. Con estos objetivos, el partido buscó aislar a Ciro Gomes, candidato alternativo de la izquierda que, según algunas encuestas de opinión, disponía de cierto apoyo para derrotar a Bolsonaro en la segunda vuelta. Con la confirmación de la inhabilitación de Lula para ser candidato a principios del mes de septiembre, el PT decidió presentar a Fernando Haddad, ex alcalde de São Paulo que fue derrotado en las elecciones municipales de 2016. Según los sondeos, Haddad tenía menos posibilidades de derrotar a Bolsonaro en la segunda vuelta que Gomes. Esta decisión sería fundamental para garantizar a Bolsonaro el uso del “antipetismo” frente a un oponente que, efectivamente, representaba al oficialismo del PT.

Finalmente, el imprevisible protagonista y definidor de la campaña electoral fue el atentado sufrido por Bolsonaro también a principios del mes de septiembre. Después de ser apuñalado en un acto político, Bolsonaro padeció lesiones que le obligaron a mantenerse fuera de todos los actos públicos de la campaña electoral, según su equipo, incluyendo los debates en los medios de comunicación. Más allá de la fuerte conmoción que causó en el país, el ataque frustró la táctica de sus oponentes que pretendían explotar el reconocido mal desempeño de Bolsonaro en los debates. Tradicionalmente, los debates televisivos son un elemento fundamental para tomar la decisión de voto del elector brasileño. Así, alejado de los embates públicos que su campaña más temía, Bolsonaro pudo, efectivamente, sacar partido de los múltiples factores coyunturales y estructurales que le llevaron a la victoria en la segunda vuelta el día 28 de octubre de 2018.

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TRAS LAS ELECCIONES, HAY QUE GOBERNAR: LOS DESAFÍOS EN POLÍTICA EXTERIOR DEL GOBIERNO BOLSONARO

La elección de Jair Bolsonaro como Presidente llevará al poder a una nueva derecha políticamente poco experimentada y que congrega una diversidad de fuerzas sociales tradicionalistas. Su éxito electoral no se limitó a la victoria presidencial, ya que su grupo político (mayoritariamente concentrado en el hasta entonces poco conocido PSL – Partido Social Liberal, de orientación derechista-conservadora) obtuvo importantes resultados en las elecciones estatales y en el Congreso, aunque se quedaron lejos de lograr la mayoría en el fragmentado sistema de partidos brasileño. Sin embargo, se evidencia que el futuro Presidente logró articular políticamente un conjunto diverso de ideas derechistas que hasta el momento no poseían gran visibilidad en la sociedad de Brasil.

En este aspecto, la etiqueta de “fascista” que generalmente se atribuye a Bolsonaro no logra definir con precisión sus particularidades como personaje político, además de simplificar ese concepto histórico. Bolsonaro es un político derechista conservador, neopopulista y con fuertes valores morales religiosos. Como ex capitán del Ejército en un país aún marcado por la histórica presencia de los militares en la política, emplea un discurso de rasgos autoritarios y nacionalistas que genera simpatías en ciertos sectores sociales. Estas características de Bolsonaro serán, en sí mismas, un desafío para la búsqueda de unidad y tejer alianzas tras unas elecciones muy duras marcadas por elementos de violencia en las calles.

En este sentido, un importante reto del futuro Presidente es la necesidad de construir una mayoría parlamentaria en un sistema político que impone a los gobernantes la formación de coaliciones excesivamente amplias. De hecho, un fracaso en cumplir este requisito puede poner en riesgo su política económica de reformas liberales e incluso amenazar la estabilidad del gobierno (como bien lo saben los ex Presidentes Fernando Collor de Melo y Dilma Rousseff). Y esto es especialmente importante en una administración que se caracterizará por la fuerte presencia de militares reformados con poca experiencia en relacionarse con los grupos de la oposición y en estar sujetos a los controles institucionales que son naturales en los regímenes democráticos.

Estas características del próximo Presidente y de su grupo político también implican importantes desafíos para la política exterior de Brasil. Tradicionalmente – y a pesar del paso de Gobiernos de diferentes colores –, Brasil es reconocido por desarrollar una política exterior independiente y no alineada a las doctrinas de las grandes potencias. Pero la mezcla entre nacionalismo, conservadurismo evangélico y pensamiento económico liberal por parte del gobierno de Bolsonaro puede provocar un acercamiento de Brasil a las posiciones de la política exterior de los EE.UU. que impulsa la administración Trump. La designación del diplomático Ernesto Araújo como futuro Ministro de Exteriores es una señal que refuerza la observación de una aproximación hacia Washington. Araújo es el actual director del Departamento de EE.UU., Canadá y Asuntos Interamericanos, un puesto de medio rango en el Ministerio de Relaciones Exteriores – el “Itamaraty”. El diplomático es considerado un ultraconservador y ferviente admirador de Trump, además de declararse un “nacionalista” y en contra de la globalización (expresando públicamente sentimientos en contra de lo que llama “China Maoísta”). De hecho, uno de los primeros en dar la bienvenida y felicitar públicamente a Bolsonaro fue John Bolton, el asesor en seguridad nacional del Presidente Trump. Este hecho preocupa en algunos sectores del “Itamaraty”, que abogan por mantener la independencia de la política exterior de Brasil y consideran a Araújo un diplomático de bajo nivel para el cargo de canciller.

Sin embargo, la realidad es que el carácter intuitivo y espontáneo de la acción política de Bolsonaro – tan valiosa en la disputa electoral interna – puede generar unos impactos negativos relevantes en las relaciones exteriores de Brasil. Así, las primeras evidencias de este escenario ya se vislumbran en el horizonte. En esta dirección, la visita de Bolsonaro a la isla de Taiwán en marzo de este año y las declaraciones de desconfianza del ex capitán en cuanto a la naturaleza de las relaciones Brasil-China han generado fuerte malestar en Beijing. Altos funcionarios del gobierno chino y el editorial del periódico Global Times del día 30 de octubre (tabloide oficioso del Partido Comunista Chino para temas internacionales) han alertado al futuro Presidente brasileño sobre los riesgos económicos que su posición pueden conllevar. De hecho, China es el principal socio comercial de Brasil y el destinatario del 22% de las exportaciones brasileñas en el año 2017.

En otra dirección, las declaraciones de Bolsonaro vía Twitter anunciando su intención de trasladar la embajada de Brasil en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, provocaron la reacción de Egipto que canceló la invitación hecha al actual Ministro de Exteriores brasileño, Aloysio Nunes, para que visitara El Cairo en un viaje de cooperación comercial. A esto se debe añadir que la Liga Árabe envió una nota a la embajada brasileña en Egipto condenando el anuncio del Presidente elegido. La posición de Bolsonaro ya no solo de promover un alineamiento con los EE.UU., sino también con Israel, Estado que siempre ha apoyado públicamente, irritaron al actual Gobierno brasileño y a sectores políticos y económicos vinculados al negocio agrario. No en vano y en su conjunto, los países árabes son el segundo mayor comprador de proteína animal del país. En 2017, las exportaciones brasileñas hacia los países árabes sumaron US$ 13,5 mil millones, con un superávit favorable a Brasil.

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La inhabilidad de Bolsonaro y su equipo en relación a los temas internacionales también provocó tensiones en el ámbito del Mercosur, del cual Brasil es miembro destacado, y en las relaciones con sus socios europeos. En este último caso, vienen dadas por la idea inicial de extinguir el Ministerio del Medio Ambiente y el anuncio de la intención del gobierno Bolsonaro de salir del Acuerdo de París, lo que significaría un obstáculo para el avance en el acuerdo comercial que se está negociando entre la Unión Europea y el Mercosur. Sin embargo, Bolsonaro transmitió un mensaje de tranquilidad a Mauricio Macri, Presidente de la Argentina, afirmando que Brasil seguirá dentro del bloque, pero defendiendo que Mercosur no esté guiado por “cuestiones ideológicas”. Siguiendo con esta secuencia de tensiones internacionales, se debe resaltar el anuncio de Cuba de retirarse inmediatamente del programa brasileño “Más Médicos” que provocará la salida de unos 11.400 médicos que ejercen en comunidades desfavorecidas y remotas dentro del Estado brasileño. La decisión del gobierno de La Habana vino motivada tras las críticas realizadas por Bolsonaro a aquel programa de cooperación y las amenazas de romper las relaciones diplomáticas de Brasil con la isla caribeña.

A lo largo de su campaña, Bolsonaro defendió una política exterior pragmática y “libre de ideologías”. Sin embargo, sus manifestaciones hasta el momento indican que el “Itamaraty” – al menos en el inicio de su Gobierno – estará lleno de matices doctrinarios. Esto provoca malestar en importantes sectores del Ministerio de Relaciones Exteriores e incluso de las Fuerzas Armadas (que tendrán una gran proyección sobre el Gobierno). Sectores empresariales también demuestran preocupación respecto a los impactos de una nueva doctrina de las relaciones internacionales sobre el comercio exterior de Brasil en un momento en el cual el país necesita alcanzar superávits en su balanza comercial.

En Brasilia, ya es sabido que la política exterior será un campo de disputa interna entre los sectores ultraconservadores y evangélicos que apoyaron a Bolsonaro – favorables al alineamiento con los EE.UU. – y los grupos de funcionarios de carrera del Estado (como diplomáticos y oficiales de las Fuerzas Armadas) que han sido educados profesionalmente para desarrollar una visión más pragmática del papel de Brasil en el mundo. Entre estos últimos, crece la preocupación de que la limitada proyección de poder de Brasil en el concierto de los Estados pueda conllevar una repuesta más dura de sus socios internacionales. Y eso porque, naturalmente, rechazar el orden internacional multilateral será mucho más prejudicial para Brasil de lo que pueda ser para los EE.UU.. Además, algunos sectores del “Itamaraty” saben que las experiencias de alineamiento automático con los EE.UU. muy raramente significaron un reconocimiento estadounidense a una alianza estratégica y duradera con respecto a Brasil.

Como Presidente elegido y jefe máximo de un “Gobierno de transición”, Bolsonaro ha demostrado optar por un proceso de toma de decisiones que es sensible a las reacciones positivas o negativas de sus resoluciones. En diferentes niveles, esto también pasa en el campo de las interacciones de Brasil con el mundo. La orientación en este ámbito dependerá de cuales sean los argumentos de su equipo (si aquellos pronunciados por la ala conservadora-dogmática de su gobierno o los defendidos por los sectores militares/diplomáticos de la estructura del Estado) para convencer al Presidente en cada tema puntual de las relaciones exteriores. También se deberá tener en cuenta el peso de la opinión de su equipo económico y el grado de la respuesta o amenaza venida de los actores internacionales respecto al tema tratado. Éstos pueden convertirse en elementos de desempate para cada decisión que deba ser tomada.

Este modelo de interpretación de la futura política exterior de Bolsonaro es especialmente importante para la comprensión de la que será la actuación de Brasil dentro del grupo de los BRICS. El desinterés de Bolsonaro por la cooperación multilateral es conocido. Así, ya se espera una pérdida de peso en la participación de Brasil en los BRICS que, sin embargo, muy difícilmente significará romper con este grupo en el inicio de la futura Presidencia de Bolsonaro. Hasta el momento, la interacción entre las alas conservadora y pragmática del “Gobierno de transición” ha permitido un acuerdo interno temporal: Brasil evitará participar en las declaraciones políticas en el ámbito de los BRICS, a la vez que buscará evaluar cada oportunidad económico-comercial derivada de la relación con los estados miembros del grupo (preferentemente bajo una lógica de interacción bilateral). El mantenimiento o enfriamiento de las relaciones dentro del grupo dependerá del peso de las oportunidades económicas que se presenten, ponderadas por el grado de compromiso y de presión impuestos a Brasil en las cuestiones políticas que afecten a los demás estados socios. En la comunidad diplomática de Brasilia, es sabido que los otros miembros del grupo – especialmente China – están dispuestos a esperar para evaluar el discurso y el grado de cambio efectivo de la política exterior de Brasil hacia los BRICS. Pero esta paciencia no será eterna.

En principio y por las evidencias expuestas, Brasil puede perder su tradición de planificar una política exterior estable y basada en criterios pragmáticos de proyección estratégica para optar por una experiencia doctrinaria sensible tanto a las reacciones internas como a las externas dependiendo del tema de la agenda tratado. La resiliencia de este modelo – así como de toda la estructura del futuro Gobierno Bolsonaro – determinará la continuidad de la política exterior dogmática inicialmente prevista por Bolsonaro o su sustitución progresiva hacia las tradicionales líneas de actuación exterior guiadas por el pragmatismo del “Itamaraty” en el mundo. Así, las fuerzas que impulsaron a Bolsonaro a la victoria en las elecciones presidenciales podrían no ser las mejores consejeras frente a los imperativos que rigen las relaciones entre los estados.

Márcio Olímpio Fernandes

Márcio Olímpio Fernandes es analista especializado en política brasileña y política internacional establecido en Brasilia (Brasil), donde ejerce profesionalmente para la consultoría Quorum – Estrategia Política y Relaciones Gubernamentales. Márcio obtiene una Licenciatura en Ciencias Políticas por la Universidad de Brasilia (2008) y un Máster en Historia Contemporánea, especializado en Economía y Relaciones Internacionales, por la Universidad de Coimbra (2012). Twitter: @Marcio_Olimpio

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Foto 1: Tienda callejera con merchandising de la candidatura de Jair Bolsonaro durante las elecciones presidenciales del mes de octubre del año 2018 (Fuente: Diario Popular).

Foto 2: Iglesia perteneciente a los neopentecostales, 2018 (Fuente: La Prensa/AFP).

Foto 3: Operación de la marina brasileña contra el crimen organizado a las afueras de Río de Janeiro (Brasil), 07/02/2018 (Fuente: Leo Correa/AP).

Foto 4: Seguidores de Bolsonaro celebran su victoria en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, 07/10/2018 (Fuente: Diario Popular).

Foto 5: Tweets del nuevo Presidente brasileño, Jair Bolsonaro, sobre Cuba e Israel durante el mes de noviembre de 2018 (Fuente: cuenta de Twitter oficial de Jair Bolsonaro).