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Iberoamérica en La Antigua: ¿Bandera del multilateralismo o desmoronamiento del orden liberal?

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Iberoamérica en La Antigua: ¿Bandera del multilateralismo o desmoronamiento del orden liberal?

Iberoamérica en La Antigua: ¿Bandera del multilateralismo o desmoronamiento del orden liberal?

capesic América Latina y el Caribe 16/12/2018 Comentarios

La infinidad de cumbres de Jefes de Estado y Gobierno y procesos de integración que se extienden a lo largo de Latinoamérica y de la península Ibérica es conocida por muchos. Sin embargo, en estas últimas semanas, una de ellas ha adquirido especial atención: La Cumbre Iberoamericana. Ésta agrupa a los estados de América Latina con sus antiguas metrópolis coloniales – España y Portugal – más Andorra, sede de la próxima Cumbre en el año 2020. La XXVI Conferencia de Jefes de Estado y Gobierno se celebró recientemente en la ciudad colonial de La Antigua, Guatemala, del 15 al 16 de noviembre del año 2018. La Cumbre ofrece una oportunidad única para observar el estado actual y las relaciones dentro de la política iberoamericana. Hasta cierto punto, la Conferencia fue un reflejo del lugar donde se celebró: La Antigua, una bella ciudad colonial declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, rodeada de volcanes activos, uno de los cuales entró en erupción pocos días después de la Cumbre. La política iberoamericana contiene ambas, la importancia capital de la cooperación internacional y la peligrosa fricción de la Realpolitik.

A primera vista, la Cumbre podría ser considerada un éxito, no solamente por el anfitrión y sus participantes, sino también para la comunidad internacional en general. En una época en la cual los mayores promotores del orden liberal internacional de posguerra parecen renegar de sus instituciones y beneficios; la expansión del discurso de confrontación y aislacionismo a lo largo de los Estados Unidos, el Reino Unido y segmentos significativos de la sociedad en Alemania, Austria e Italia, entre otros estados europeos, amenazan los acuerdos fundacionales que permitieron una etapa de paz y prosperidad después de la Segunda Guerra Mundial. Ibero-América se unió bajo el lema “Iberoamérica próspera, inclusiva y sostenible”, respaldando el multilateralismo, la cooperación internacional y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible impulsada por las Naciones Unidas en la declaración final.

El hecho de que una gran región en el mundo mantenga en alto valor, al menos discursivamente, el multilateralismo y la cooperación es un alivio importante. Esto es particularmente evidente en una región como Latinoamérica que parece ser resistente a las amenazas geopolíticas más importantes que se ciernen sobre otras regiones del planeta: América Latina es una región desnuclearizada por el Tratado de Tlatelolco, sin grandes movimientos políticos extremistas o tensiones militares significativas. Como consecuencia de ello, se debe poner en valor el hecho que los líderes de estas naciones ligadas por el idioma, la cultura y la economía se reúnan alrededor de una misma mesa para hablar, negociar y cooperar.

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La Caravana Emigrante de ciudadanos centroamericanos camino a México, 29/10/2018 (Fuente: Twitter / Info 7 México).

A pesar de ello, Latinoamérica es probablemente la región que más necesita el multilateralismo y una fuerte cooperación con el objetivo de mejorar la vida de sus habitantes. América Latina lamentablemente posee muchos de los peores registros globales. Así, puede no ser la región más pobre del mundo, pero de lejos es la más desigual, con un coeficiente de Gini de 0,466 en el año 2014 según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). La pobreza afecta al 26% de su población y más de 100 millones de personas viven en villas urbanas (el 21% de la población total de la región). Esta situación crea un círculo vicioso de pobreza y crimen que es otro registro en el cual Latinoamérica va en cabeza: solo albergando el 8% de la población total del planeta, en América Latina ocurren el 33% de los homicidios totales del mundo. Existe una documentada correlación entre pobreza, desigualdad y crimen que evoluciona a peor con la expansión del crimen organizado ayudado por la corrupción existente entre los funcionarios gubernamentales. En medio de este panorama desalentador, no hay ninguna duda que la cooperación es un instrumento indispensable sin el cual el progreso en la región no es sostenible.

Consecuentemente, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas han resonado eficazmente a lo largo de la región y la reciente Cumbre Iberoamericana es un testamento de este deseo de impulsar la aplicación de políticas para conseguirlos. Concretamente, la Cooperación Sur-Sur ha sido de gran valor para la región con más de 7000 proyectos implementados solamente en los últimos 10 años. Además, la Conferencia permitió llegar al consenso necesario para firmar 19 acuerdos internacionales en diversas áreas como en educación y justicia. Quizás lo más importante de todo fue el compromiso para un desarrollo sostenible bajo los ODS de Naciones Unidas. Como se observa, la región realmente está necesitada de desarrollo económico y el cambio climático es un factor que provoca nefastas consecuencias en el mismo. Así, abordar esta temática global es clave para mejorar la vida de millones de latinoamericanos. En este sentido, la Cumbre muestra que el paradigma liberal clásico está en lo cierto: la cooperación y el multilateralismo pueden desarrollarse para el beneficio general.

Sin embargo, debajo de este prometedor escenario aparece otro más complejo y tenso, lleno de luchas de poder, en el cual se avalaría el pensamiento realista. A este respecto, la debilidad institucional de los estados latinoamericanos es de sobras conocida, no dejando otra alternativa que permitir que las afinidades políticas tomen las riendas de los procesos de integración regional. Las evidencias de ello son abundantes como lo demuestra el desarrollo del Mercosur en los noventa cuando el principal paradigma era la reforma de los mercados, pero se fue desacelerando a principios del 2000. Lo mismo se podría decir del proceso de creación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) las cuales emergieron con fuerza durante la primera década del siglo, pero se estancaron desde que la ola de gobiernos de izquierda en la región se fue debilitando.

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Actualmente, la región está muy fragmentada y polarizada como resultado de las diferentes afinidades en las relaciones entre estados. Por un lado, un número de países mantienen su alianza en base al movimiento bolivariano de izquierdas de la década del 2000 como Venezuela, Bolivia, Cuba y Nicaragua, entre otros. En sentido opuesto, unos cuantos estados anteriormente aliados con ellos han salido de este grupo caso de Argentina, Uruguay, Paraguay y Ecuador. Mientras tanto, aún persisten los gobiernos con posiciones históricamente más liberales como Colombia y Chile. Finalmente, pero no menos importante, se encuentran los casos de Brasil y México, el primero dirigiéndose a la derecha, mientras que el segundo se mueve hacia un programa de izquierdas. El hecho es que los dos presidentes que representaron a las dos economías más grandes de la región serán reemplazados por dos personalidades totalmente diferentes a las de sus antecesores.

El resultado de ello es que los temas más espinosos no fueron mencionados en el transcurso de la Cumbre, ni mucho menos resueltos escondiendo las tensiones más peligrosas debajo de la alfombra. Por ejemplo, la ola de autoritarismo que en diferentes niveles se extiende en algunos estados como Bolivia, Nicaragua o Venezuela. La situación política y humanitaria, particularmente en los estados nicaragüense y venezolano, es insostenible y requiere de una respuesta regional. Sin embargo, estos temas no se trataron durante la Cumbre, exceptuando las ausencias no sorprendentes de los presidentes de ambos estados, Daniel Ortega y Nicolás Maduro, que cancelaron su participación en la Conferencia. Asimismo, tampoco se incluyó en la agenda la deriva autoritaria de Evo Morales que busca su cuarto mandato consecutivo como presidente de Bolivia en 2019. Así, las instituciones regionales democráticas parecen incapaces de sostener las débiles democracias de algunos de sus estados miembros.

Otro tema que no fue mencionado y perjudica el desempeño democrático es la generalización y expansión de la corrupción en la región. Así, la Operación Lava Jato en Brasil descubrió una red de corrupción, pago de favores y sobornos por un total de 750 millones de dólares pagados por el conglomerado Odebrecht en hasta 12 estados latinoamericanos. El escándalo no solo acabó con los gobiernos brasileño y peruano, sino que también abrió la puerta a la nueva ola de populismo en la región. Aun así, esta vez el populismo tiene más que ver con las injusticias que no con temas estrictamente económicos. Por ello, no produce ninguna sorpresa que Andrés Manuel López Obrador, AMLO, en México y Jair Bolsonaro en Brasil triunfaran sobre los antiguos partidos políticos en el poder, los cuales estaban salpicados por los escándalos de corrupción. A pesar de que Bolsonaro y AMLO se sitúan en polos opuestos en el espectro político, ambos utilizaron extensivamente la promesa de acabar con la corrupción en el transcurso de la campaña electoral. En una región donde las democracias son históricamente frágiles y las urnas muestran una gran desilusión y aprecio por maneras de gobernar más autoritarias, es un fracaso para la Cumbre no haber sido capaz de abordar estos temas democráticos fundamentales.

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Índice de Percepción de la Corrupción 2017 para las Américas (Fuente: Transparency International).

Finalmente, el mayor tema obviado en la Conferencia fue el de los movimientos migratorios y la notoria Caravana Emigrante de ciudadanos centroamericanos que se dirigía a los EE.UU., también conocida como la Caravana Viacrucis emigrante 2018. Aunque la declaración de la Cumbre expresa la solidaridad y el compromiso con los Derechos Humanos de los migrantes, no parece que estas palabras se trasladen en acciones. En particular, el (entonces) Presidente mexicano Peña Nieto no menciona en ningún momento este tema y tampoco cómo el presidente estadounidense, Donald Trump, utiliza la Caravana Emigrante para sacar provecho político. La situación de los Derechos Humanos de estas personas es preocupante y la realidad es que la elección de los estados iberoamericanos de no abordar este tema solo tendrá consecuencias negativas. Además, la imagen dada de los emigrantes tiene un efecto perjudicial para la naturaleza inclusiva, democrática y abierta de la región, la cual históricamente acoge a gente de todos los orígenes. Como resultado de ello, claramente esta Cumbre no ha alcanzado las expectativas de los promotores del orden liberal.

Los ideólogos del orden liberal internacional ven en las cumbres internacionales y el multilateralismo un instrumento clave para la cooperación internacional y el beneficio mutuo entre estados en conflicto. Hasta cierto punto, la XXVI Cumbre Iberoamericana muestra que esta escuela de pensamiento está en lo cierto. La firma de los acuerdos de cooperación beneficiará a amplios sectores de la población de la región y la renovación del compromiso con el multilateralismo es bienvenido. Sin embargo, ¿cuál va a ser realmente la extensión en la ejecución de estas medidas? ¿Serán estas buenas intenciones transformadas en acción? Si la historia es un indicador, la cooperación progresará en los márgenes. Los temas “suaves” como cultura, educación o justicia, entre otros, disponen de implicaciones muy positivas y tienen mayor probabilidad para obtener apoyo entre los estados para cooperar. No obstante, los temas “duros” como democracia, migración, comercio y corrupción seguramente encontrarán un camino de cooperación más difícil.

Así, la Cumbre Iberoamericana presentó un interesante panorama de la política latinoamericana teniendo en cuenta tanto los temas que se trataron en la misma, como los que se omitieron intencionadamente. Se debe considerar de forma positiva que la Conferencia continúe existiendo, aunque no se debe olvidar que Iberoamérica se encuentra en la periferia de la política de poder en el escenario internacional. Quizás, las grandes potencias harían bien en sentarse más asiduamente tomando el ejemplo de Iberoamérica, a pesar de que las recientes cumbres mundiales han demostrado no ser mucho más exitosas. Y es que al final, estas conferencias son solo productivas si los participantes en las mismas quieren que lo sean, ni más ni menos.

Gonzalo Casais

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Gonzalo Casais posee un MA en Economía Política Internacional por la Universidad de Warwick (2018) y una Licenciatura en Relaciones Internacionales por la Pontificia Universidad Católica Argentina (2016), de la cual fue Profesor Asistente posteriormente. Contacto: gonzalojcasais@gmail.com

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Foto de portada: Sesión de trabajo de los Jefes de Estado y Gobierno durante la XXVI Cumbre Iberoamericana en La Antigua (Fuente: Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia del Gobierno de la Rep. de Guatemala).